domingo, 22 de mayo de 2016

¿De dónde proviene el divorcio?

Echando la vista atrás, el divorcio es casi tan antiguo como el matrimonio, aunque es cierto que muchas culturas no lo admitían por cuestiones religiosas, sociales o económicas. La mayoría de las civilizaciones que regulaban la institución del matrimonio nunca la consideraron indisoluble, y su ruptura generalmente era solicitada por los hombres. Sin embargo, era una tarea complicada, porque el matrimonio ya no podía disolverse una vez que se tuviera un hijo en común.

Si miramos en la Grecia antigua, nos encontramos con que allí sí que se permitía el divorcio por mutuo disenso y la repudiación, pero el hombre debía restituir la dote a la familia de la mujer en caso de separación.

Yéndonos a Italia, durante el Imperio Romano, los casos más habituales eran los de concubinato y la unión libre, en todas las clases sociales. El matrimonio respondía a un objetivo puramente económico: la transmisión del patrimonio a los descendientes directos en vez de otros miembros de la familia o la sociedad. Por tanto, quien no tuviese patrimonio, o los esclavos, no tenían por qué casarse, o incluso no se les permitía.

Durante el cristianismo, el divorcio quedó prohibido, aunque se permitía la nulidad matrimonial, tramitada por los tribunales eclesiásticos.

En 1796, Francia incorporó la ruptura del vínculo matrimonial, y el resto de países europeos, detrás. El divorcio ha causado grandes polémicas en los países mayoritariamente católicos, pues la Iglesia Católica no considera posible el divorcio. Malta fue el último país de la Unión Europea en legalizar, tras referéndum, el divorcio por un 52% de apoyos.

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