sábado, 13 de agosto de 2016

¿Resuelve el divorcio los problemas del matrimonio?

La evolución es cada vez más favorable a la idea de optar al divorcio como solución para los problemas conyugales. Dentro de un contexto internacional, España se muestra mucho más inclinada al divorcio como solución que cualquiera de los países del norte de Europa, tradicionalmente más liberales. Los más cercanos son Holanda y Dinamarca, pero quedamos muy alejados de la aceptación que ofrecen países como Noruega o Suecia.

Para España, el perfil de las personas más de acuerdo con esta idea no registra diferencias según género, igual para varones y mujeres, pero sí respecto a otras variables. Quienes son más jóvenes, a diferencia de lo que aparecía en otros aspectos, no son necesariamente los que más apoyan el divorcio como solución. Son mayoría pero de las menores, y son quienes más en desacuerdo se manifiestan con la frase. Quizás porque estas generaciones han nacido dentro del divorcio y han podido vivir, en mayor o menor medida, los procesos de ruptura. En este sentido resulta significativo que sean ellos los que relativamente más se oponen a esta solución o menos apoyo decidido le otorgan, siempre contextualizando sus respuestas en un consenso mayoritario pero menor. En el resto de edades el acuerdo aparece igualado, si bien existe un cierto descenso del desacuerdo que se rompe entre los mayores.

El estado civil define situaciones claras, donde los divorciados y separados son los que en mayor medida están de acuerdo, siendo los viudos los más en desacuerdo, relacionado con su mayor edad. Parece que quien realmente ha llegado al divorcio experimenta un aumento de su percepción de que ha sido la solución para su matrimonio, por encima del mayoritario apoyo general.

En cuanto a ideología, los más cercanos a posiciones de extrema izquierda son quienes más de acuerdo están en que el divorcio es la solución a un matrimonio conflictivo, mientras que cuanto más hacia la extrema derecha se sitúa el individuo, mayor es su desacuerdo.

Eso sí, en ninguna posición la aceptación del divorcio deja de ser mayoritaria, lo que indica el fuerte arraigo en las opiniones y percepciones sociales.